
Cuando el viento sopla sobre un campo de hierba,
forma pequeñas ondas, un vaivén sutil,
como un lago que baila bajo el sol brillante;
en un campo de maíz, las olas son grandes,
despliegues de oro que juegan sin fin.
Escucha entonces las historias que canta,
en voz alta, entre los árboles, va,
una melodía suave que abraza la brisa,
y otra diferente, más cerrada, se cuela,
entre muros con grietas, callada, se va.
Ves cómo persigue nubes algodonosas,
rebaños de ovejas en un cielo tan azul?
Sientes este aullido en la puerta abierta,
como un vigilante que da cuerda al cuerno,
anunciando su paso por el mundo en calma?
Y también, como silba en las chimeneas,
haciendo que el fuego crepite y brille,
creando sombras que bailan en la pared,
mientras la noche se viste de abrigo;
¡qué acogedora es el calor de su luz!
Sentado junto al fuego, escucha atento,
las historias que trae el viento constante;
déjale contar su propia aventura,
con susurros de tiempo y sueños pasados,
pues puede relatar más que todos nosotros juntos.
J. Plou
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