Vistas de página en total

miércoles, 1 de enero de 2020

Oda a la primavera y al amor



En primavera, la tierra se engalana, un festín de colores, lleno de flores. Las flores, se besan, entrelazando los tallos, y los árboles se abrazan en sus ramas. El río, como amante, suave se desliza, transparentes aguas que al viento acaricia; susurra halagos el sauce, los juncos al unísono, mientras los cantos de amor nos llenan por completo. Los pájaros bailan en vuelo vertiginoso, trines fluidos, melodías en un soplo hermoso. El Sol desata llamas, sobre la piel, y las ráfagas juegan en un cielo de miel. No sientes el abrazo de la brisa helada, ¿el aroma embriagador que despierta la mirada? Quizás no te dice nada esta Naturaleza viva, suscitando en tu ser una pasión furtiva? Disfrutamos del amor, abrazamos la vida, en cada susurro, en cada despedida! Caigamos ebrios de caricias y placeres, en ese edén donde todo son placeres. Sé mía, toda mía, deseo contagioso, tus ojos azules, profundos y misteriosos. Tus labios rojos, fuego que me quema, quiero beber de ti, perderme en tu lema. En noches de estrellas, danzando en el suelo, perfumados de vino, en calor de anhelo, seremos dos vidas en un mismo compás, nunca satisfechos, en un deseo audaz. Aquí, entre el sembrado de verdes esperanzas, donde el amor ríe y la vida es danza, el río susurra sus dulces armonías, y nosotros, unidos, bailaremos los días. Ven, no huyas, que la primavera es nuestra, su triunfo de vida en la pasión se manifiesta. Te deseo aquí, donde el amor vuelve a renacer, en el abrazo eterno, donde el alma se hace eterno. J. Llueve


No hay comentarios:

Publicar un comentario